La agenda de la muerte
Parte 3: Camino al lejano oriental
Toco el timbre, ya es la una, no pude dormir en toa la noche, cada vez que pegaba los ojos se me aparecia la cara de Vanesa al grito de "Podemos ser amigos", "Ya no es lo mismo", "SI, ME GARCHA OTRO" como si escupiera puñales.
Toco el timbre otra vez, espero impaciente y aparece por fin Pedro desde atras de la puerta que se abre.
-Hola
-¿Que haces?
Me contesta sin mirar, mientras se da media vuelta para volver a entrar. Subimos las escales, vamos adentro, al comedor, nos sentamos, pongo el celular sobre la mesa. Pedro tiene cada de pocos amigos, se le nota en las ojeras que no durmio bien, seguramente por mi culpa.
-¿Que queres hacer?
Me dice mirando al piso mientras se revuelve el pelo.
-¿Te acordas donde lo compraste al celular?
-Si, a un chino de aca a unas cuadras.
-Vamos, a lo mejor se lo vendio el mismo asesino para sacarselo de encima.
Salimos a la calle, lo sigo entre la gente, los perros y la basura. Los charcos de agua reflejan mi rostro como espejos, "estoy hecho bolsa" digo para mis adentros mientras esquivo a una viejita con andadera.
Lo que le puede hacer el amor a uno, parece tan magico al principio, te hace volar pero despues te deja caer sin nigun reparo y uno se queda esperando para volver a levantarse pero nunca termina de caer.
Es ahi cuando el dolor de piernas interrumpe mi pensamiento y me doy cuenta que "aca a unas cuadras" al final era media hora de caminata.
-Che, boludo ¿Falta mucho?
-Es aca
Caminamos cinco cuadras mas, hasta que Pedro se detiene en la puerta de un local de celulares
Toco el timbre, ya es la una, no pude dormir en toa la noche, cada vez que pegaba los ojos se me aparecia la cara de Vanesa al grito de "Podemos ser amigos", "Ya no es lo mismo", "SI, ME GARCHA OTRO" como si escupiera puñales.
Toco el timbre otra vez, espero impaciente y aparece por fin Pedro desde atras de la puerta que se abre.
-Hola
-¿Que haces?
Me contesta sin mirar, mientras se da media vuelta para volver a entrar. Subimos las escales, vamos adentro, al comedor, nos sentamos, pongo el celular sobre la mesa. Pedro tiene cada de pocos amigos, se le nota en las ojeras que no durmio bien, seguramente por mi culpa.
-¿Que queres hacer?
Me dice mirando al piso mientras se revuelve el pelo.
-¿Te acordas donde lo compraste al celular?
-Si, a un chino de aca a unas cuadras.
-Vamos, a lo mejor se lo vendio el mismo asesino para sacarselo de encima.
Salimos a la calle, lo sigo entre la gente, los perros y la basura. Los charcos de agua reflejan mi rostro como espejos, "estoy hecho bolsa" digo para mis adentros mientras esquivo a una viejita con andadera.
Lo que le puede hacer el amor a uno, parece tan magico al principio, te hace volar pero despues te deja caer sin nigun reparo y uno se queda esperando para volver a levantarse pero nunca termina de caer.
Es ahi cuando el dolor de piernas interrumpe mi pensamiento y me doy cuenta que "aca a unas cuadras" al final era media hora de caminata.
-Che, boludo ¿Falta mucho?
-Es aca
Caminamos cinco cuadras mas, hasta que Pedro se detiene en la puerta de un local de celulares
Sigue aca
